La ambliopía no es fácil de reconocer. Un niño no puede ser consciente de tener un ojo sano y un ojo débil. A menos que el niño tenga un ojo mal alineado o una anormalidad obvia, a menudo no hay forma de que los padres sepan que algo no está funcionando apropiadamente.
La ambliopía es detectada al encontrar una diferencia en la visión entre ambos ojos, o una visión deficiente en ambos ojos. Ya que es difícil medir la visión en los niños pequeños, a menudo a su oftalmólogo hace una estimación de la agudeza visual al observar qué tan bien un bebé sigue objetos con un ojo cuando el otro ojo está cubierto.
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A través de una serie de pruebas, un oftalmólogo puede diagnosticar ambliopía observando cómo un bebé reacciona cuando un ojo está cubierto. Si un es ojo ambliópico y el otro ojo sano es cubierto, el bebé puede intentar mirar alrededor del parche, tratar de quitárselo, o llorar.
La mala visión en un ojo no siempre significa que un niño tenga ambliopía. Con frecuencia, la visión a puede ser mejorada mediante la prescripción de anteojos para un niño.
Su oftalmólogo examinará cuidadosamente el interior del ojo para observar si hay otras enfermedades que puedan afectar la visión. Estas enfermedades incluyen:
- Cataratas;
- Inflamación o hinchazón;
- Tumores; y
- Otros problemas en el interior del ojo.
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